EL LITIO CHILENO Y LA NUEVA ESTRATEGIA PARA DOMINAR EL MERCADO DEL “ORO BLANCO”

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Sobre la potencialidad del litio chileno, se dice mucho: que puede impulsar la economía del mundo; que es un desafío irrenunciable; que su explotación debe ser cuidadosa; que sería mejor reservarlo por algunos años más; que hay que privatizarlo; que hacen falta más actores; y un largo etc. Sí hay consenso en cuanto a su principal ventaja, y es que el denominado “oro blanco” se encuentra en abundancia en el Norte de nuestro país.

(Santiago, Febrero 2012) Es la noticia minera del momento. Nadie quedó indiferente con el anuncio del gobierno hace un par de semanas de que licitará contratos para elevar la extracción de litio a 100 mil toneladas adicionales por los próximos 20 años.

Poco después, la Sociedad Chilena de Litio (SCL), que junto a SQM representa aproximadamente el 58% de la producción mundial de carbonato de litio (cifras a 2008), anunció que invertirá más de US$140 millones en la construcción de una planta de 20 mil toneladas métricas en La Negra, cercana al Puerto de Antofagasta.

Antofagasta es una de las regiones de interés para la explotación del “oro blanco”, junto a Tarapacá y Atacama, por albergar los denominados salares andinos y pre-andinos nortinos, depósitos con compuestos de litio, potasio, boro y sodio, que por su alta concentración se han convertido en el foco de la política minera de litio en nuestro país.

Este regreso en gloria y majestad del litio no es producto del azar. Sus innumerables aplicaciones en nuevos aparatos tecnológicos, baterías recargables de autos eléctricos, vidrios y cerámicas, y el boom mundial de tecnologías limpias a base de este mineral, están reviviendo el mercado a niveles no vistos desde la “época de oro” de los nitratos de principios del siglo XX hasta la Primera Guerra Mundial.

Si bien se encuentra de forma abundante en la corteza terrestre, siempre está acompañado de otros minerales en yacimientos mineros, salmueras naturales, salmueras asociadas a pozos petrolíferos y campos geotermales, en diversas arcillas y hasta en el agua de mar. Pero aunque es fácil de ubicar, su extracción se hace compleja.

Dos de los puntos de resquemor frente a este “retorno” de la importancia del litio es cuán sustentable puede ser su extracción para el medio ambiente y su condición de mineral no concesible; en Chile, por ley, no puede ser explotado como el resto de los minerales, quedando su minería en manos del Estado. El resguardo se remonta a los años ‘80, cuando se decretó su protección por considerarlo un mineral estratégico para usos militares.

Para muchos, este último punto sería la gran ventaja comparativa de Chile frente a otros países. Hoy, la producción mundial de litio se concentra fundamentalmente en Chile, que lidera el mercado con una participación del 44% de la producción (explotación de salmueras), le siguen Australia con una participación del 25% (espodumeno, un mineral portador de litio), mientras que China y Argentina alcanzan un 13% y 12%, respectivamente, de participación global (también mediante salmueras).

La privatización de las empresas públicas entre los 80’ y 90’ permitió que la ex estatal SQM se convirtiera en el principal productor de litio en el país y uno de los líderes mundiales; su participación mundial hoy es de cerca del 37%. Pero el mercado fue relativamente pequeño hasta principios del nuevo milenio y por ende no había necesidad de invitar a más jugadores a extraer litio de los salares.

Según explica el managing partner y experto minero de la consultora SinoLatin Capital, Erik Bethel, esto evitó mayor competencia para SQM y volatilidad en los precios por incrementos en la oferta. “Sin embargo, estos últimos años el litio se ha vuelto un mineral sumamente importante para la producción de baterías y Chile ha perdido terreno frente a otros países productores como Argentina y Australia. Es por eso que el gobierno empieza a ser más flexible. Porque más vale perder terreno con competidores dentro de Chile que con jugadores en otros países”, dijo el experto a AndesOne.com

Otro punto  controversial es que el litio chileno actualmente es exportado como materia prima, retornando en productos con valor agregado, por ejemplo vidios y baterías. La discusión  ahora se enfoca en si el país tiene la capacidad de sostener el proceso completo.

“Hay muchos procesos entre la materia prima y el producto final. Una gran oportunidad es que se fabriquen baterías en Chile. Muchos analistas prevén que la demanda de baterías va a incrementar exponencialmente cuando se empiecen a producir carros eléctricos en serie. Fábricas en Chile tendrían ventaja en costos logísticos y por ende podrían producir baterías a un precio mucho más competitivo que otros países. Esto es una muy buena oportunidad para que Chile diversifique sus exportaciones, que hoy el 88% es materia prima, a productos con valor agregado”, explica Bethel.

Según proyecciones de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) en el informe “Antecedentes para una política publica en minerales estratégicos: Litio” (2009), se estima que entre 2009 y 2012 aproximadamente diez fabricantes de vehículos sacarán modelos eléctricos e híbridos-eléctricos a base de baterías de litio en Chile. Y para este año se estima que más de dos millones de vehículos de este tipo estarán ya disponibles en el mercado nacional.

Sustentabilidad a prueba

Si bien el litio tiene varias fuentes de extracción, en el caso de Chile al encontrarse en salares andinos y pre-andinos obligan un mayor cuidado en su minería.

Estos yacimientos albergan ambientes mixtos que contienen recursos minerales y, a la vez, constituyen el hábitat natural de diversas especies de fauna y flora altiplánica. Por lo tanto, el principal cuidado debe estar orientado a conservar esta doble condición, estableciendo adecuadas medidas de prevención y mitigación del impacto de la actividad minero-industrial a desarrollar.

Según explicó a AndesOne.com el jefe del Departamento de Geología Aplicada de Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin), Aníbal Gajardo, “en especial, estos cuidados deben orientarse a preservar tanto la calidad, cantidad y distribución del recurso hídrico, fundamental para la conservación del hábitat, como la concentración, localización y disponibilidad de la salmuera de los salares, que constituye la fuente renovable de los recursos de interés”.